Admito que hoy en la palabra viaje seguida de carretera, no me emocionan y hasta cierto punto me desagradan, sin embargo en esta ocasión tenían más atenuantes que mis traumas existenciales. Para comenzar los sitios a visitar serían Tlaxiaco y Putla, si, así es, hasta en el nombre llevaba la penitencia, sobre todo el último. Como es costumbre busqué la ubicación de las localidades solo para descubrir que estaban enclavadas en la Sierra de Oaxaca y pensé… Putla ma…. ñana te conoceré.
Así llego el día de emprender el viaje, y debí suponer que el hacerlo en domingo no era de entrada un buen inicio, pero tenía (mos) que cumplir con el trabajo. El recorrido hasta el entronque a Tlaxiaco resulto tranquilo y hasta agradable por los paisajes coronados por la vista del Valle de Teotihuacan. Pero la felicidad duro hasta iniciar la carretera a Tlaxiaco, donde por 60 km el paisaje estaba dominado por curvas, tramos en reparación abundante lluvia y baches que nos hicieron recorrer 20 km en 50 minutos. Pero al final llegamos a Tlaxiaco y como recompensa encontramos las fiestas patronales del pueblo con garnacha, banda de viento, juegos pirotécnicos y un castillo muy grande y colorido.
Así llego el día de emprender el viaje, y debí suponer que el hacerlo en domingo no era de entrada un buen inicio, pero tenía (mos) que cumplir con el trabajo. El recorrido hasta el entronque a Tlaxiaco resulto tranquilo y hasta agradable por los paisajes coronados por la vista del Valle de Teotihuacan. Pero la felicidad duro hasta iniciar la carretera a Tlaxiaco, donde por 60 km el paisaje estaba dominado por curvas, tramos en reparación abundante lluvia y baches que nos hicieron recorrer 20 km en 50 minutos. Pero al final llegamos a Tlaxiaco y como recompensa encontramos las fiestas patronales del pueblo con garnacha, banda de viento, juegos pirotécnicos y un castillo muy grande y colorido.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano para hacer el recorrido a Putla, ya sabía que era la peor parte del camino como lo indicaba la foto área pero sinceramente me quede corta, apenas habíamos recorrido unos cuantos kilómetros cuando la niebla y la lluvia hacia posible la visibilidad a un máximo de 10 m, además de que las curvas cada vez se hacían más pronunciadas y ya sentía que mi páncreas colapsaba y dejaba de producir azúcar, pero aún faltaba lo peor, ya que había rocas gigantes que obstruían parte del camino, en algunas secciones había desaparecido un carril por deslaves, otros estaban interrumpidos por montones de tierra y la lluvia caía sin cesar, pero faltaba lo peor, parte de la carretera se había desprendido dos semanas antes, y la solución fue agregar tepetate para tapar el boquete que con lluvia se convirtió en una alberca de lodo donde por poquito perdemos el auto. No recuerdo tres horas más largas en mi vida y haberlas pasado con el Jesús en la boca (pero no Jesús Ferruzca porque no hubiera cabido) esperando que toneladas de piedra o lodo cayeran sobre nosotros en cualquier momento o bien que el suelo desapareciera bajo nuestras ruedas.
Por fin llegamos a Putla y la primera escala fue el desayuno, donde nos atendieron con la amabilidad y gracia apenas comparable con la cara de Elva Esther Gordillo, en fin, hicimos nuestro trabajo y emprendimos el regreso a Tlaxiaco para hacer otra parte del trabajo y nuevamente a sufrir otras tres horas en ese camino del mal. No recuerdo sensación más reconfortante que haber salido de esa carretera e incorporarnos a la autopista a Oaxaca, donde sería nuestro destino final.
Después de 2 horas, llegamos a la ciudad de Oaxaca y la misión era recoger unos documentos al día siguiente, todo parecía más tranquilo y nos incorporamos al centro histórico, todo parecía en calma. Llegamos al zócalo y admirábamos los edificios desde nuestra ventanilla, de repente mi compañero dijo…”mira ese perro que corre por la calle muy feliz que hasta me cae bien”… esas fueron las palabras mágicas porque inmediatamente el perro se acerco a coche y empezó a corretearnos y ladrarnos mientras la gente nos miraba extrañada ante tal situación nada típica, algunos con cara de asombro y otros quizá pensaban que éramos alguna especie de ente maligno que solo el perro podía ver o algo así, no lo sé. El animal nos persiguió y ladro por tres cuadras hasta que una maniobra que envidiaría David Hasselhoff y su auto increíble nos libró del can.
Después de semejante odisea lo único que nos podía reconfortar eran unas tlayudas con quesillo y tasajo que comimos a la vuelta del hotel que conseguimos (por supuesto que hubiera sido mejor un mezcal con gusano de maguey pero era viaje de trabajo y no era posible). Esa noche casi no pude conciliar el sueño así que escuche música y reí un poco por lo atípico del viaje y porque no, también me sentía afortunada de estar ahí.
Al día siguiente recogimos los documentos encomendados y tras una para técnica para la compra de alebrijes, quesillo, chocolate y otras artesanías que abundan en el estado, emprendimos el regreso a Querétaro. Atravesando la ciudad para tomar la autopista a Puebla notamos que el transito aumentaba y la gente abandonaba los taxis para caminar, nos desconcertamos pero continuamos hasta que encontramos la razón de tal alboroto, eran transportistas que bloqueaban las entradas y salidas de la ciudad debido a que exigían la autorización de aumento a la tarifa en un 200 %.
Por más de 6 horas permanecimos atrapados entre transportistas y camiones pesados y demás automóviles que deseaban salir a la autopista, tiempo suficiente para platicar con los traileros y automovilistas vecinos de bloque, comer unas donas y una coca a la hora de la comida y dormir. En dormir estábamos cuando escuchamos alboroto y fue entonces que nos dimos cuenta que los ánimos se calentaron y la gente se movilizó para bajar a la fuerza a los operadores del transporte local y hasta intentar quemar algunas unidades, en el alboroto se abrió la oportunidad de pasar y emprender la graciosa huída hacia la autopista. Por supuesto que no pensamos dos veces en abandonar la tierra de “el respeto ajeno es la paz” y la vida cotidiana esta dominada por platones, toma de instalaciones y violencia entre manifestantes y sociedad en general (seguramente el ilustre Benito Juárez se retuerce en su tumba diariamente).
Después de 2 horas, llegamos a la ciudad de Oaxaca y la misión era recoger unos documentos al día siguiente, todo parecía más tranquilo y nos incorporamos al centro histórico, todo parecía en calma. Llegamos al zócalo y admirábamos los edificios desde nuestra ventanilla, de repente mi compañero dijo…”mira ese perro que corre por la calle muy feliz que hasta me cae bien”… esas fueron las palabras mágicas porque inmediatamente el perro se acerco a coche y empezó a corretearnos y ladrarnos mientras la gente nos miraba extrañada ante tal situación nada típica, algunos con cara de asombro y otros quizá pensaban que éramos alguna especie de ente maligno que solo el perro podía ver o algo así, no lo sé. El animal nos persiguió y ladro por tres cuadras hasta que una maniobra que envidiaría David Hasselhoff y su auto increíble nos libró del can.
Después de semejante odisea lo único que nos podía reconfortar eran unas tlayudas con quesillo y tasajo que comimos a la vuelta del hotel que conseguimos (por supuesto que hubiera sido mejor un mezcal con gusano de maguey pero era viaje de trabajo y no era posible). Esa noche casi no pude conciliar el sueño así que escuche música y reí un poco por lo atípico del viaje y porque no, también me sentía afortunada de estar ahí.
Al día siguiente recogimos los documentos encomendados y tras una para técnica para la compra de alebrijes, quesillo, chocolate y otras artesanías que abundan en el estado, emprendimos el regreso a Querétaro. Atravesando la ciudad para tomar la autopista a Puebla notamos que el transito aumentaba y la gente abandonaba los taxis para caminar, nos desconcertamos pero continuamos hasta que encontramos la razón de tal alboroto, eran transportistas que bloqueaban las entradas y salidas de la ciudad debido a que exigían la autorización de aumento a la tarifa en un 200 %.
Por más de 6 horas permanecimos atrapados entre transportistas y camiones pesados y demás automóviles que deseaban salir a la autopista, tiempo suficiente para platicar con los traileros y automovilistas vecinos de bloque, comer unas donas y una coca a la hora de la comida y dormir. En dormir estábamos cuando escuchamos alboroto y fue entonces que nos dimos cuenta que los ánimos se calentaron y la gente se movilizó para bajar a la fuerza a los operadores del transporte local y hasta intentar quemar algunas unidades, en el alboroto se abrió la oportunidad de pasar y emprender la graciosa huída hacia la autopista. Por supuesto que no pensamos dos veces en abandonar la tierra de “el respeto ajeno es la paz” y la vida cotidiana esta dominada por platones, toma de instalaciones y violencia entre manifestantes y sociedad en general (seguramente el ilustre Benito Juárez se retuerce en su tumba diariamente).
Tres días después llegamos a Querétaro no sin antes pasar al DF para entrar de rodillas a la Basílica y después ir a bailar a Chalma en gratitud de regresar vivos, con 5 kilos de más por tener que comer 20 bolillos diarios por aquello de los sustos.
Por cierto, no quise preguntar cual era el gentilicio de los habitantes de Putla…. mejor me quedo con la duda.
También hubo r
ecompensas.
Por cierto, no quise preguntar cual era el gentilicio de los habitantes de Putla…. mejor me quedo con la duda.
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